¿Hace ruido el árbol que cae cuando no hay nadie para escucharlo?

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Esta pregunta es casi tan antigua como la memoria social. De hecho, esta manera de formularla simplemente expresa de forma concreta una pregunta abstracta que los filósofos llevan milenios haciéndose: ¿El mundo material, con todo lo que conlleva, existe independientemente de que alguien lo perciba?


¿Hace ruido un árbol al caer si nadie lo escucha?

Se podrían escribir cientos de líneas respecto a este hecho, pero quizá merece la pena nombrar al trío de filósofos que más (y primero) expusieron los puntos de vista más comunes sobre cómo la gente sabe que sus percepciones de la realidad son verdad. John Locke fue el primero en plantear que la mente es como un carrete fotográfico (no con estas palabras, ya que la primera fotografía llegó más de un siglo después de Locke). Este carrete tomaría una fotografía exacta de la realidad que lo rodea.

Años más tarde, George Berkeley puso sobre la mesa un punto de vista totalmente distinto. Según él, es la mente de cada uno de los individuos la que crea la realidad. David Hume, años más tarde, definió la realidad como algo a medio camino entre las ideas de Locke y Berkeley. Para Hume, la materia y la mente humana interactúan para crear lo que la gente llama realidad.

Entonces, si a estos tres grandes filósofos les preguntásemos la cuestión con la que hemos comenzado, cada uno contestaría algo totalmente distinto. Para Locke la respuesta habría sido un sí rotundo. Berkeley (el primero que formuló la pregunta tal y como la conocemos) habría ido al polo totalmente opuesto, afirmando que no sólo no habría hecho ningún sonido al caer, si no que ni siquiera el árbol existiría. Hume sería el único que lo plantearía de un modo más conciliador, exponiendo que algo sucedería, pero que en realidad no podríamos llamarlo sonido sin un ser humano que pueda oírlo.

Nuestra percepción del sonido

En este punto, podríamos seguir hablando de otros filósofos que perfilaron más firmemente toda esta serie de ideas, pero prefiero dar mi respuesta a la pregunta. El árbol sí que sonará al caer, y no existe duda alguna al respecto. Bueno, en realidad sí que puede haber dos dudas, que sería plantearse ¿Qué es el sonido? ¿Qué es la realidad?

Como mente científica, para mí el sonido son las vibraciones que se propagan en la materia. Estas vibraciones se propagarán por todo lo que rodee al árbol en su caída haya alguien para percibirlo o no. De hecho, ya Leonardo da Vinci expuso que el sonido eran meras vibraciones, aunque no fuese hasta los avances de Robert Boyle que se demostrara que el sonido necesita un medio para propagarse.

Pero por supuesto, si queremos eludir la definición física de sonido, podemos empezar a divagar con todo tipo de elucubraciones que difícilmente nos llevarán a buen puerto. Al final, dicen que este tipo de preguntas filosóficas nunca se plantearon para encontrar una respuesta, si no para ejercitar la mente y ser capaces de comprender conceptos más complejos cada vez. Pero con todas las preguntas para las que la ciencia no ha encontrado respuesta, ¿merece la pena seguir con las que ya tienen respuesta?

Por eso, la verdadera cuestión subyacente de la paradoja del árbol sería la definición de realidad. ¿La realidad es lo que percibimos, lo que existe independientemente de que lo percibamos, o es algo difícilmente definible a medio paso de ambas suposiciones? Para responder a esto tendríamos que tener en cuenta cómo nuestro organismo nos engaña al percibir todo aquello que nos rodea, o cómo ni siquiera somos conscientes de cómo es en realidad todo lo que nos rodea.

Y en este momento volveríamos a recurrir a la filosofía como herramienta clave para favorecer el progreso, en forma de una pregunta para la que la ciencia aún no tiene una solución absoluta, e incluso puede darse el caso de que jamás la tenga.