Las revoluciones son cosa del tercer mundo

Enlace original de la imagen

O al menos así debe quedarnos claro. No hay lugar para dudas. El País, Público, El Mundo, la Ser, TVE… todos los medios nos lo dejan claro. En el Tercer Mundo Mundial se está produciendo un movimiento de derrocamiento de los “nuevos” dictadores (dícese nuevos porque es muy importante señalar como las actitudes de ellos en las últimas tres semanas han provocado que dejen de ser aliados democráticos de Occidente para convertirse en Dictadores antiguos.

Esa maravillosa relación entre el ser y la idea donde no son dictadores (hasta que EL País decide que lo son). Unos movimientos prodemocráticos para equipararse a nosotros que sólo pueden llenarnos de comprensión y simpatía, ya que puede permitir al Tercer Mundo incorporarse a la verdadera senda de la civilización, una vez que coloquen en la calle unas urnas de cristal donde cada cuatro años coloquen un conjunto de papeles con nombres, personas que pueden prometer lo que quieran porque luego no tienen ninguna obligación de conseguirlo. Egipcios, tunecinos y demás están a punto de conocer la verdadera felicidad.

Porque la esencia de la felicidad es esa. La civilización es así, la verdadera civilización. Por eso nunca puede ocurrir una revolución en España. Porque nosotros ya hemos alcanzado la perfección del sistema más perfecto y conocido en la Historia Humana. Hemos de mirar con simpatía y alegría esos movimientos (y, sinceramente, lo hacemos). Pero es de retrógrados radicales antisistema, antiespañoles y antitodo soñar con repetirlos e imitarlos. Esto No es el Tercer Mundo, nos lo recuerdan todos los días.

Aquí no existe un completo inmovilismo en el poder, donde todos los gobernantes parecen lo mismo y siguen un mismo plan económico desde hace más de treinta años, siempre sometidos a los intereses prioritarios de EE.UU. No, esto es España. Aquí no existe un sistema electoral que sistemáticamente conduce al fraude de la voluntad y soberanía ciudadana, alterando los resultados reales para garantizar un falso sistema de turno. No, esto es España. Aquí no existen Jefes de Estado que heredan sus cargos directamente de asesinos. Aquí no existe un poder económico decisivo que gobierna todas nuestras decisiones en favor de unos pocos, con un continuo retroceso del peso salarial en el PIB. Aquí no existen camarillas de intereses que privatizan sistemáticamente todos los recursos públicos en manos de amigos. Aquí no hay casos de corrupción generalizada en el sistema político. Tampoco tenemos estructuras sindicales subvencionadas y directamente situadas al servicio del poder. No conocemos el significado de la pobreza y el desahucio, ni tenemos tasas altas de paro juvenil que obligan a las actuales generaciones a vivir peor que sus padres y abuelos. No sabemos lo que es el fanatismo porque somos casi un estado laico, bueno Aconfesional, pero nuestra Iglesia y religión mayoritaria abunda en las declaraciones directas de respeto a la democracia, la pluralidad y el conjunto de las personas. No vivimos la difusión generalizada de pensamientos fanáticos porque ninguno conocemos canal alguno de televisión que practique de manera sistemática la mentira y la difusión del fanatismo. Mujeres y hombres son plenamente iguales, salvo ligeras anécdotas de asesinatos, discriminaciones, diferencias salariales mínimas del 23 por ciento y quizás, sólo quizás, la pervivencia de algún discurso social y cultural machista y discriminatorio. No, esto es España y por tanto incomparable. No tenemos ese culto por la violencia y la sangre, ese desprecio por la vida ni poseemos fiestas sangrientas públicas de asesinato de personas, ni, por supuesto, de tortura y crimen planificado de animales como si fuera un espectáculo cultural a enseñar a nuestros jovenes. Aquí la justicia es igual para todos, y nadie se escapa de un sistema judicial independiente y justo, donde ni el dinero ni los amigos pueden ayudarte a escapar de una justa sentencia. Aquí todos y todas contribuyen en base a su capacidad económica al sostén de un sistema público y social cada vez más amplio y mejorable, sin permitir estructuras internas de paraíso fiscal, y creando un sistema económico donde se prime el trabajo y la inversión en vez de la estafa y la especulación.

No, esto es España, y como El País, Público, la Ser, el Mundo, Intereconomía… y todos los demás medios nos anuncian, no se me ocurre NADA que permita comparar los casos.

Porque las revoluciones son propias del Tercer Mundo, de los que realmente tienen motivos para quejarse. Y como nosotros no somos tercer mundo porque somos occidente no podemos plantearnos ni tan siquiera el paralelismo.

O quizás, al final, lo que ocurre es que somos simplemente gilipollas...